- Era una mañana soleada y tranquila en el pequeño pueblo esperanza, un pueblo escondido entre las montañas, donde nada sucedía ya que su ubicación no aparecía en un mapa, mucho menos en un dispositivo de alta tecnología. En pueblo esperanza no entraba ni salía nadie, el correo no llegaba, y sus habitantes vivían pacíficamente, su población no superaba las 20 personas y todas se conocían entre si, los adultos se llevaban bien entre si, los hombres visitaban el único bar en el centro de la ciudad y las mujeres iban al salón de belleza que se encontraba justo al lado. No habían niños, solo hubo uno desde que se fundó el pueblo. Su nombre era Daidaly, una chica que creció siendo adulta desde niña, no tuvo juguetes por lo que claramente indicaba que tampoco tuvo una buena infancia, lo criaron ya tomando sus propias decisiones, aun así ella, a medida que crecía, se volvía mas sabia. Con el tiempo se dio cuenta que algo faltaba en su vida, que su infancia ya estaba arruinada completamente y que no tenía vuelta atrás. Nadie la conocía muy bien ya que no solía salir de su habitación. Siempre pensaba en que había mas allá de las montañas, que este mundo no podía ser solo este pequeño pueblo. Los habitantes si usaban tecnología a pesar de estar tan alejados de la civilización, por lo que tuvo al menos una pequeña TV en su habitación, aunque no la usaba mucho ya que sus padres le decían que todo aquello que viera en esa televisión era ficción, y que no existía nada mas allá del pueblo.
- Un día normal, decidió encender su televisión, cuando un anuncio captó su atención. Un presentador estaba ofreciendo entradas para 9 personas a una isla, lo que realmente le llamó la atención de fue la fecha del programa, era hoy, en este mismo momento lo que despejó sus dudas sobre la existencia o no del mundo real. Para participar, debía enviar una carta convincente a los productores sobre el porque ella tenía que ser una de esas 9 personas. Por mucho que se esforzara escribiendo su carta, era inútil ya que no tenían servicio de correos, y no había manera de salir sin perderse ya que justo en frente se encontraba un bosque bastante extenso. Nadie sabía con exactitud lo que había después del bosque, pocos lo intentaron pero no volvieron, los rumores decían que murieron intentando buscar una salida, otros decían que unas criaturas extrañas aparecían en la noche y devoraban a cualquiera que estuviera dentro del bosque pero para ella todos aquellos rumores eran un simple mito. Se decidió por escribir una carta bastante convincente, aun sabiendo que era casi imposible que llegara, pero ella se aferraba a la palabra 'casi' manteniendo la esperanza de que su carta llegaría sin problemas a su destino. El problema realmente era como enviarla? no bastaba solo con escribir la mejor carta si no tenías ni la menor idea de como enviarla. Solo había una y era atravesando el bosque, si de verdad no creía en esos rumores entonces para ella no sería ningún problema, su verdadero obstáculo era atravesar ese bosque, a diferencia de la posible existencia de esas misteriosas criaturas, había algo que ella si creía y era lo ancho del bosque. No podía negarlo aunque mantuviera una actitud positiva, tampoco le iba a suponer un problema escapar de la ciudad, como no salía de su habitación, nadie la conocía, los habitantes nunca se enteraron de su existencia, y sus padres nunca tuvieron ese instinto paternal con su hija, lo cual no preocupaba ya que les daba igual si ella desaparecía o no, era casi como si ella tuvo ciertas obligaciones al nacer y perder el amor incondicional de sus padres.
El plan de escape era en la mañana, no había razón para intentar una salida silenciosa ya que los hombres y mujeres se separaban desde horas tempranas de la mañana y no salían hasta la tarde, tiempo suficiente para salir y infiltrarse al bosque, sin duda era una cita con el destino, quería salir del bosque a conocer el mundo entero, o al menos parte de el, y su mejor oportunidad era si se convertía en una de los 9 elegidos para ese viaje a la isla. El viaje de Daidaly apenas comenzaba...
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